
Magia. Sensación que nos convierte en seres imaginarios. Ilusiones ópticas, buscando completar lo vacío. Ventana borrosa, gotas que caen lentamente compitiendo por una llegada aplastante a un lugar desconocido, terrible y escalofriante. Sensación de hipnosis frente a los delirios de la vieja y arrugada cordura que nos maltrata y nos hace ver algo que no sentimos pero intuimos. El viaje a lo desconocido, la elaboración de preguntas constantes buscando respuestas que alimentan la esperanza de creer. Maldita ignorancia, bendita ignorancia. Camino por paisajes que cambian en cada parpadeo milimétrico de ojos vendados por vendas transparentes. Espía de la realidad, conformista alegre sentado con sonrisa moldeada por artesano de la felicidad.
Comienza a llover, se empañan los espejos, la vida se vuelve confusa, un mundo de pétalos que caen desde rosas con tallos tan altos, imposibles de escalar y de alcanzar. Duende de oro en el extremo opuesto, duerme sentado con la mano bajo su cara, esperando que algún día alguien despierte y se de cuenta que el viejo truco de la vida no es más que una sensación paralela instigando a aquella triste malformación llamada sonrisa a que acepte su razón de ser sin buscar algo más allá.


