Transitar por calles y avenidas argentinas puede convertirse en una odisea. En aquellos países en los que el derecho al reclamo es ejercido correctamente, el respeto por el prójimo siempre tiene carácter de prioridad. Tanto es así que las protestas se realizan con total tranquilidad y sin obstaculizar el paso de automóviles y/o peatones. Uno se pregunta qué grado de consideración puede tener una persona con aquel que reclama, si éste se presenta con la cara cubierta y con palos encadenados que denotan violencia. Lo preocupante de esta situación no es el reclamo de estas personas ni tampoco el tiempo – y la paciencia- que pierden aquellos que se ven demorados por este impedimento. Lo que realmente preocupa es el grado de normalidad que adquiere un hecho como éste (como tantos otros en este país) y el poder que van acumulando estas personas. Un poder cuyo crecimiento es inversamente proporcional a la pérdida de autoridad de aquellos que deben mantener un estado de orden. ¿Qué pasa si una persona necesita llegar a un lugar de forma urgente y se encuentra con este tipo de impedimentos? Se puede perder un trabajo, se puede perder una oportunidad, se puede perder una vida. Vivimos en un país en el que todo tiene que venir de arriba. Nuestra clase política es un triste reflejo de la sociedad. ¿Por qué pedir dinero si se puede pedir trabajo? ¿Acaso somos lo suficientemente superiores como para no aceptar un empleo de baja alcurnia? Será que no somos una sociedad sufrida y que el éxito momentáneo nos malacostumbró para toda la vida. A veces necesitamos un golpe bien fuerte para darnos cuenta de lo que valen las cosas.
-Quiero escribir algo -¿Y qué esperás? -No se que escribir -No me vengas con eso de la mente en blanco… -Es una realidad, estoy falto de inspiración… -Tomá una mínima idea y desarrollala… no subestimes los temas simples. -Es una especie de presión interna que puja y puja, cerrándole la puerta a las palabras. - Mirá una película, lee un libro, caminá. Tenés que ejercitar los pensamientos. No surgen de la nada. -Veo películas, leo libros y camino bastante… no creo que ese sea el problema. -¿Alguna idea de cuál puede ser el problema? -Tengo algunas en mente… -¡Ajá! Tu mente no está en blanco, está ocupada. -Puede ser, no se… me puse a pensar en el tiempo. - ¿Qué problema hay con el tiempo? - Es irritante, pero lo hace sin querer. - ¿Por? - Lo imagino como una larga carrera. Nos la pasamos corriendo, sin parar. Aun cuando paramos nuestra mente sigue corriendo. Y cuando realmente dejamos de correr, no nos damos cuenta. -Bueno, el hecho de que le estés dando personalidad al tiempo ya es un problema de base. No le des tanta importancia, tenelo como aliado, no como enemigo. -¿Vos cómo te inspirás? - Antes que nada, no pienso en cómo inspirarme. No hay que buscar lo extraordinario, hay que actuar naturalmente. La espontaneidad es un valor a tener en cuenta. Tomá la primera palabra que te surja y empezá a tejer alrededor. -Es difícil cuando uno complota contra si mismo. -Generalmente eso sucede cuando una parte de nosotros tiene algo que decir y no la dejamos. Entonces, en represalia, nos hace un piquete mental. -Me gusta eso del piquete mental. -No trates de abarcar todo y esperar que los sueños te den una idea. Hacé un filtro, selecciona y dale el cien por ciento de apoyo a esa elección. -Me asusta un poco eso del cien por ciento. -¿Por qué? -Por temor a no obtener resultados. Si das todo, ¿qué queda después? -No te preocupes, a diferencia del banco central, el ser humano tiene buenas reservas. A veces están escondidas, no las encontramos simplemente. Pero en los momentos difíciles aparecen. -Bueno, a veces me pasa eso de rendir mejor cuando estoy en apuros. - Claro, estás apretando contra la pared al piquetero mental. Alguien tiene que ceder en algún momento. -Así es… -¿Un poco mejor? -Un poco -Cualquier cosa me llamás, me voy a dormir la siesta.
Sólo bastaron 24 días para darnos cuenta de varias cosas y sufrir un baño de realidad. El periodismo de antaño, con sus defectos y virtudes, dominante o sumiso, encontraba en ciertas circunstancias su propio limite. La lógica era otra. Se lo veía –y así fue creciendo en credibilidad- como un servicio a la comunidad. Primero con un carácter que tendía hacía la objetividad y luego adentrándose en aquellos aspectos que los más poderosos querían ocultar. Aquel periodismo de investigación de los años 60 se mostraba como el verdugo de aquellos sectores que en otras épocas los manejaban como meros instrumentos. Hoy en día, son manejados por otra lógica, la del mercado, aquella que busca soluciones que están más allá de los valores humanos. El caso Pomar es paradigmático, no porque los medios no hayan actuado de manera similar en otras ocasiones, sino porque se llegó al paroxismo de la vergüenza. “Le transmitíamos a la gente lo que manifestaban las investigaciones”, se defendían los periodistas. Vamos muchachos, la historia de su profesión es mucho mejor que eso. Se llegó a decir que Fernando Pomar era narcotraficante; que había matado a toda su familia; que habían sido secuestrados; que se habían escapado del país por deudas, etc. Debo reconocer que muchos entramos en esa nube de misterio que nos quisieron imponer y que sin lugar a dudas era redituable económicamente. Desde el día del descubrimiento de los cuerpos se alcanzó un grado de sensacionalismo que rozó la vergüenza ajena. Se perdió aquello que durante tantos años se luchó por conseguir: la credibilidad. Hasta “la gente” (como les gusta decir…) ha notado la cantidad de contradicciones que reflejan día a día, ya ni siquiera entre diferentes medios, sino dentro de cada uno. Lo que más preocupa son las consecuencias: que haya personas que actúen en base a lo que escuchan, que confíen cuando ya se han perdido todos los motivos de confianza. La pérdida del valor humano se ve reflejada en las sensaciones que pueden tener día y noche los familiares de las víctimas. Que ni siquiera puedan prender la televisión, porque seguramente se encontrarán con la imagen – constante- de sus cuatro familiares siendo grabados en un video casero. Que salgan de su casa y un movilero les pregunte: ¿Cómo te sentís? Le hace mal al periodismo entrar en esa lógica mercantil. Hace mal que se transmitan 24 horas seguidas de noticias, por que eventualmente no se sabe qué decir y se inventa. La pauta de las tres fuentes como mínimo está desapareciendo, por que básicamente ellos mismos se convierten en fuentes falsas para los mismos medios. Se retroalimentan. Ha dejado de ser un servicio social para convertirse en un show mediático más. Todos somos cómplices, obnubilados por el desconcierto y por una cobertura que excede las posibilidades de cambio que te da el zapping.
El secreto de los ojos del INCAA era bastante obvio. La película de Juan José Campanella fue elegida para representar al cine argentino en la próxima entrega de los premios Oscar.
El secreto de sus ojos trata la historia de Benjamín Espósito (Ricardo Darín), empleado de un juzgado penal, quien tras jubilarse, decide escribir un libro acerca de un caso de homicidio que lo marcó para toda su vida. Es una película muy interesante, más allá de la historia en si misma. El director tuvo la virtud de crear una sólida amalgama de diferentes géneros. El popurrí de Campanella está compuesto por una buena dosis de comedia, sobre todo en la primera hora del film; algunos momentos de tensión y suspenso, mayoritariamente en los puntos clave de la historia; la trama policial y, como no podía faltar en una película del director de El hijo de la novia, el amor como sustento.
Sin embargo, y ojalá me equivoque, no creo que sea un film con las características necesarias como para llevarse la famosa estatuilla. Como bien decía un periodista italiano en la conferencia de prensa de la película en el Festival de San Sebastián, el film es una excelente combinación de cine comercial y de autor. Por más paradójico que suene, si hablamos de la industria hollywoodense, lo comercial (y el género) atenta contra sus posibilidades. Si nos retrotraemos hacia los últimos ganadores del Oscar a mejor película de habla no inglesa, el tipo de cine social, político e incluso bélico se llevó la mayoría de los galardones. De hecho, en el último festival de San Sebastián, cuando todos daban por hecho que El secreto de sus ojos iba a llevarse la Concha de oro (dígale No al chiste fácil), el jurado prefirió darle el premio al film chino City of life and death, del director Lu Chuan (vale aclarar que es una película bélica…).
Más allá de que tenga posibilidades o no, El secreto… logra atrapar al espectador. La química entre Darín y Villamil es fundamental, mientras que Sandoval, personaje interpretado por Guillermo Francella, aporta un aire de frescura y relajación.
Párrafo aparte para el “plano secuencia” (entre comillas porque en realidad no lo es) en la cancha de Huracán. Una escena que llevó tres días de rodaje y nueve meses (sí, nueve) de posproducción, con un programa que suele utilizar Peter Jackson en sus películas.
En el mes de enero la Academia estadounidense de artes audiovisuales elegirá a los nueve finalistas, de los cuales cinco lucharán por el Oscar a mejor película extranjera. El último film nacional nominado fue El hijo de la novia, del mismo director.
Un día como hoy, hace dos años, comenzaba esta travesía llamada Voces que me guió por caminos insospechados y palabras reveladoras. Un día como hoy, hace dos años, mi mundo se plantó delante de mi y me exigió un análisis de la situación. Dicho análisis se tradujo en cambios significativos y en una reelaboración de objetivos. A lo largo de estos 730 días, cada segundo que pasaba consolidaba aún más ese planteamiento, tantas veces necesario en el transcurso de la vida. Mejoré mi escritura en base a la regularidad; elaboré pensamientos a partir de una busqueda interior constante; fijé objetivos claros a causa de esa búsqueda. Hoy se cumplen dos años de un espacio con vida propia, con más o menos visitantes, con más o menos calidad, pero con la capacidad de ser un parcial reflejo de mi personalidad. Gracias a los que lo visitaron semana a semana, gracias a los que lo chusmearon de vez en cuando y gracias a esta oportunidad, por darme nuevas y claras realidades. Son Voces que quisieron escaparse de mi mente, pero que afortunadamente, no se fueron muy lejos.
Una nueva película. Un nuevo espacio para reflexionar sobre temas profundos, casi cotidianos, con toques de humor y llanto. “La familia Savage” relata la historia de dos hermanos (Laura Linney y Philip Seymour Hoffman) que deben hacerse cargo de su padre, a quien no ven hace más de veinte años. La vida de estos dos personajes se convierte en un producto de su propia historia, caracterizada por el abandono, la inseguridad para formar una familia y la falta de coraje para cambiar el curso de una vida estancada. El humor del reír por no llorar le da un plus de frescura a un film de naturaleza dura. Wendy y Jon internan a su padre en un asilo para ancianos, visitándolo diariamente. Ella, cargada de culpa. Él, invadido por el recuerdo de una vida sin abrigo. En el medio, un padre con demencia, que prácticamente no reconoce lo que lo rodea, pero que percibe y sufre las circunstancias de una realidad deprimente. Tamara Jenkins, una joven directora que también escribe esta historia, plasma en imágenes los sentimientos de desarraigo. Colores vacíos de entusiasmo se apropian de la fotografía del film, mientras la música se complementa con silencios, y estos con las miradas de los protagonistas. Un film cuya última imagen plantea la moraleja de la historia, la sensación de sus personajes, el intento de no tropezar dos veces con una piedra angustiante. Una búsqueda de redención, de demostrar que la vida es vida de comienzo a fin.
Voy a incluir una nueva faceta a esta figura de lados múltiples que representa este blog. Cada tanto, y si el film lo amerita, voy a incluir una crítica, una mirada acerca de aquellas imágenes y sonidos que me hayan hecho reflexionar. Ante la recomendación de un amigo, me digné a observar (tengan en cuenta la diferencia con el verbo “ver”) una película del año 2007, dirigida por Sean Penn, que se titula Into the wild. Es curioso que una película genere en el espectador ganas de tomar actitudes instantáneas. Eso es lo maravilloso y lo subjetivo del cine. Es tan difícil recomendar películas, porque cada trama toca sensiblemente de maneras diferentes a cada persona. Into the wild es la historia real de un joven, recién recibido de la Universidad, criado entre las bonanzas de una familia adinerada a la que nunca le falto nada material. Creo que la película analiza la vida (o por lo menos un aspecto de ese todo tan inmenso) de diferentes maneras. El film se realiza preguntas todo el tiempo y trata de responderlas chocando con la realidad. Este joven siente un vacío, una necesidad de buscar el complemento vital, aquel que brinda soluciones a los interrogantes propios. Chris decide escapar de su vida para comenzar una nueva, alejado de todo lo que hasta ese momento le había tocado vivir. A partir de ese momento, el film se divide en capítulos, que tranquilamente resumirían toda la vida de una persona: el nacimiento, la adolescencia, la familia y la sabiduría. Como todo nacimiento, este joven cambia su nombre, sus objetivos, su entorno, y emprende un viaje en soledad con un objetivo conciente y otro inconciente. Ese recorrido lo lleva a inmiscuirse en los avatares de la naturaleza, en sus bellezas, en sus traiciones, en sus vicisitudes y claridades. Atraviesa todo tipo de paisajes. La fotografía del film es magnífica, aunque sean los colores, contrastes y luces de la naturaleza misma. Me atreví a anotar diferentes palabras mientras observaba la película. Algunas sin sentido, pero con sentido en sí mismas, si saben de lo que hablo. Alex Supertramp es su nueva identidad, su reborn. Una persona cuyos objetivos se basan en buscar objetivos, cuyas preguntas se basan en formularlas y responderlas con nuevas experiencias. Busca el sentido de la libertad, de la verdad, de la felicidad. No voy a recorrer paso a paso la película, pero sí a dejar impresiones. En el transcurso del film conoce gente con la cual establece lazos fuertes y con los que convive y aprende durante un tiempo determinado. Pero él sabe que su trayecto y sus respuestas se encuentran en soledad, continuando su camino, adentrándose en la naturaleza, la cuna de las respuestas. Cada uno de estos lazos bien pueden representar los vínculos que uno establece durante toda su vida. Su mensaje y su nueva visión marcan una profunda huella en cada una de estas personas, desde una pareja de hippies, pasando por una joven que se enamora de él perdidamente, hasta un solitario anciano al cual le enseña a vivir. Cuando todos le preguntan hacia donde va, Alex les dice: “hacia el norte, hacia Alaska”. El film está montado en forma paralela, o sea que nos muestra imágenes del presente (él en Alaska), combinando con su largo trayecto hasta ese lugar. En Alaska él vive junto al río, en un “autobús mágico” destartalado que pronto se convierte en su nuevo hogar. Debe aprender a valerse por si mismo, a alimentarse, a luchar contra la fuerza de la naturaleza, que se muestra independiente y autoprotectora, tanto como él. La música protesta y busca respuestas junto a él. Las melodías se complementan con los silencios. Porque el silencio da respuestas, al igual que el viento, el blanco de la nieve, la gota de la lluvia, y el frío de la montaña. El problema surge cuando las propias respuestas no te dejan llevar a cabo el operativo retorno, cuando la naturaleza decide que uno es parte de ella y que no hay vuelta hacia atrás, y cuando las mismas respuestas confunden hasta el punto en que uno descubre su propia verdad cuando no hay marcha atrás. No les voy a contar el final de la película, sólo me gustaría agregar algunas frases más. No hay que ser fuerte, hay que sentirse fuerte. Se busca la verdad, porque las mentiras golpean la identidad. Pero la verdad está en uno mismo y en las respuestas a las propias y únicas preguntas. ¿La búsqueda en soledad de las respuestas implica egoísmo? Interesante pregunta acerca de cómo uno debe encarar su vida. Cómo afecta esta búsqueda a aquellos que se preocupan por nosotros y cuánto nos importa lo que a ellos les afecta. La mejor frase de la película la escribe él en su cuaderno, aquel en el que anota cada de uno de sus momentos, cada una de sus reflexiones, cada una de sus nuevas experiencias de vida. Véanla y después me cuentan sus impresiones.