lunes, enero 26, 2009

Entre la espada y la pared


Creo que uno de los grandes desafíos que tiene el ser humano es el de poder o no aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida o, tomando un poco el control del fluir vital, que nos brindamos nosotros mismos en la búsqueda del éxito. Como todas las cosas, se puede analizar en distintos niveles, en mayor o menor medida, oportunidades intrascendentes y oportunidades únicas. Son estas últimas las que nos colocan entre la espada y la pared, exigiendo una decisión en poco tiempo, dependiendo el éxito de la rapidez con que uno actúe en esos casos. Por más que resaltemos la palabra “única”, es probable que choquemos con estas situaciones más de una vez en la vida. Sin embargo, cada una de estas no deja de ser relevante por el simple hecho de que se pueda producir una repetición. Entonces, nos encontramos con la espada en el pecho teniendo que decidir instantáneamente. Probablemente en la vida real tengamos un poco más de tiempo, sin embargo, la presión que debe soportar la persona es posiblemente comparable con la analogía de la espada y la pared. Esta presión refleja el pensamiento de aquel que tiene en su mente la idea del posible fracaso tras la toma de una decisión. Siempre el fracaso resulta en nuestra mente más importante o, mejor dicho, más fuerte que la posibilidad del éxito. Eso se transforma en una duda que nos lleva a debilitar nuestras defensas mentales y, por ende, a decidir erróneamente. Entonces somos llevados a un estado previamente visualizado y a cierto conformismo barato. Sin embargo, aquellos que toman la decisión correcta son los que repiten diariamente la necesidad de optar por un pensamiento positivo. Y cuando el éxito toca en su puerta una vez más, son tildados de afortunados por aquellos que duermen en la calma del fracaso. Cada uno suele hacer de su futuro lo que su personalidad indique, pero no le deleguemos a esta característica humana toda la responsabilidad a la hora de decidir sobre estas oportunidades únicas.