
Una de las tantas cosas que cada tanto se me da por hacer es imaginar. En realidad vivimos imaginando, pero el tema es que no nos planteamos hacerlo. ¿Qué pasa cuando nos sentamos y decidimos que queremos imaginar? Una de las tantas características de esta cualidad humana es la posibilidad que se tiene de esbozar mentalmente imágenes que no suceden, pero que con la concentración suficiente se vuelven reales en nosotros mismos. Una diferencia entre la imaginación deliberada y la casual es el detalle. Podemos caminar y tener sensaciones de diversas cosas al observarlas, pero no dejan de ser momentáneas, esporádicas, volátiles como plumas al ser tocadas por el viento de la concreta realidad, mientras que en este momento me encuentro sentado escribiendo frente al monitor a altas horas de la noche con la idea concreta de generar imágenes en mi cabeza que me ayuden a entender una situación ficticia, que no hace más que inclinar la balanza hacia la irrealidad en desmedro de una realidad insatisfecha.
Esto fue solo una introducción para una de esas ideas que generan detalles en nuestra mente y nos llevan a lo que yo llamo “el mundo paralelo”. Suelo preguntarme qué pasaría si tal cosa pasara. De la nada – bueno, no soy sincero- se me surgió la posibilidad de que las voces callaran. No se preocupen, no voy a cerrar el blog, hablo en sentido literal. ¿Qué pasa si las personas dejan de hablar?
La comunicación no es necesariamente oral, eso lo sabemos, sin embargo sin el poder del habla (porque creo que es más que una capacidad, es un poder) las cosas se dificultarían demasiado, tardaríamos mucho más en lograr determinados objetivos y, a pesar de que compartimos un código a partir de la cultura, la ansiedad humana empeoraría. Sobre todo porque uno sufre más cuando pierde algo que cuando no lo tiene. Los primeros grupos humanos no tenían la posibilidad de expresarse a través de palabras y, aunque es cierto que podían comunicarse a través de gritos, ruidos, o cualquier otro sonido, vivían tranquilamente sin conocer sus limitaciones o, mejor dicho, sin conocer lo que no tienen.
El problema es cuando uno goza de algo y lo pierde, y conociendo mínimamente al ser humano actual, este planteo sería una verdadera catástrofe.
Más allá de eso, sería interesante ver lo que sucede por lo menos por un día. Sería una verdadera prueba que requeriría de la necesidad de expresarnos con el cuerpo, a través de los gestos. Hay quienes que se verían frustrados y hay quienes que…lo agradecerían toda la vida.